o ¿CUÁNTO CUESTA MORIRSE EN ZIRÁNDARO?
¿CUÁNTO CUESTA MORIRSE EN ZIRÁNDARO?
Escrito por: Arturo Salmerón Bruno.
Todo lo que nace tiene que morir, tarde que temprano, en algún momento la vida llega a su fin y lo más curioso es que sabiendo que va a ocurrir, no nos preparamos para ello, porque generalmente no pensamos en la muerte, o más precisamente, en la muerte propia, sino hasta cuando acontece la muerte de algún familiar o algún conocido dentro de nuestras amistades. Durante mucho tiempo suponemos a lo largo de nuestra vida, que la muerte es algo que les ocurre a otros y estamos conscientes que nos tocará algún día, pero como no sabemos cuándo, entonces para qué preocuparse; mientras tanto, hay que darle vuelo a la hilacha.
Nadie está preparado para enfrentar a la muerte de un ser querido y si además no se cuenta con el dinero necesario para solventar el gasto que implica el funeral, ese momento se puede volver aún más difícil.
Morirse sale muy caro, ya que depende de la ubicación de la agencia funeraria y de la cantidad de servicios que se contraten, como recolección del cuerpo, traslado del cadáver y de asistentes, sala de velación, servicio de café, embalsamado, maquillaje, ataúd e inhumación; incluso la presencia de un cantante de música sacra y de un médico para atender a las personas que pudieran sufrir una crisis. Por ejemplo, en la Ciudad de México, un servicio funerario de la agencia Gayosso en Lomas Memorial de Santa Fe, asciende a más de 180 mil pesos; pero hay otras funerarias que ofrecen sus servicios a la población y que varían de acuerdo a las necesidades, gustos y preferencias del cliente según sea el dinero con el que se cuente.
Pero, ¿Cuánto cuesta morirse en un pueblo como Zirándaro, Guerrero?
No se va a detallar lo que gastan los familiares de los difuntos que llegan del extranjero o del resto del país a enterrar al Panteón Municipal, ni del costo de las enfermedades que padecieron a través de muchos años, sino exclusivamente los gastos que se originan a partir del momento en que fallece una persona de clase media.
Ya muerta la persona, lo primero que se piensa es en comprar el ataúd y su costo es un factor importante. Los hay de diferentes precios de madera tapizada o metálica; también de madera barnizada y herrajes metálicos; en madera de caoba con una imagen tallada a mano y los interiores en telas finas con aromas. Pero aún los hay más caros, como son los fabricados en madera de encino reforzado, trabajado a mano, doble tapa, imagen desmontable, herrajes de calidad con interiores de terciopelo; y hay otras opciones de mayor precio con féretros fabricados con maderas finas importadas, terminados en lujo y en el interior telas y almohadillas de la más alta calidad. Así, todo depende del presupuesto con que cuenten los dolientes, porque las opciones en precios son muy variadas.
Zirándaro cuenta con los servicios de la funeraria Rodríguez que es la más antigua del pueblo, en honor de la señora Imelda Rodríguez ya fallecida; a su muerte la sigue atendiendo su hija la señora Conchita Sitt, quien es la dueña y encargada de dicho establecimiento para la venta de los ataúdes.
Cuentan con féretros para niños, adultos y especiales (personas de talla muy grande o muy anchos). Para los niños los hay desde 50 centímetros y hasta 120 centímetros y su precio es a 10 pesos el centímetro; o sea, una caja de 50 centímetros costará 500 pesos y la más cara de 120 centímetros, tiene un valor de 1,200 pesos.
Para los adultos los precios varían según la calidad; el más barato es de tres mil pesos y el más caro es hasta de 35 mil pesos; la mortaja que es una vestidura de algún santo cuesta 350 pesos; la sábana 100 pesos; el pañuelo y los calcetines a 10 pesos cada uno. Si compran el ataúd en esa funeraria, les prestan 4 candeleros y la base para soportar la caja; en caso de que sólo quieran rentar esto último, el costo es de 400 pesos; la base se regresa después del entierro y los candeleros hasta que terminan los rezos.
Para el caso que nos ocupa, que es el deceso más reciente ocurrido en el pueblo, pagaron nueve mil pesos por la caja, mortaja, cuatro velas y un Cristo.
Enseguida se mandó traer a un médico para conservar el cadáver aplicándole formol y el doctor cobró 900 pesos por sus servicios.
El siguiente paso es adornar una especie de altar para poner el Cristo con cortinas o sábanas, flores y floreros. Aquí sólo se gastó en cuatro adornos florales de a cien pesos cada uno. Cabe señalar que en la localidad solamente hay una florería llamada “La Candelaria” que abre diariamente de 8 a 16 horas. Sus precios son los siguientes: Manojo de flores a 25 pesos; las canastas son a 60, 100 y 150 pesos; las coronas chicas a 500 pesos; la mediana a 700 pesos y la grande a 1000 pesos.
La persona encargada de adornar el altar cobró 500 pesos por ello.
Se acostumbra dar de comer el día de la muerte del ser querido y esta familia compró 10 pollos a 110 pesos cada uno y 15 kilos de carne de puerco a 65 pesos el kilo; al otro día 20 kilos de hueso para caldo a 45 pesos el kilo; 300 pesos de pan y 100 pesos de cuatro frascos de café y 10 kilos de tortillas a 14 pesos el kilo.
Se contrató una banda de música que cobra a mil pesos la hora. En este caso fueron dos horas; una el día del entierro y otra cuando se levanta la Cruz, un día antes del último rezo y se lleva a la iglesia.
La rezandera no quiso cobrar por el novenario por ser familiares, pero éstos le recompensaron con mil pesos. Se sabe que lo más que se cobra por rezar son 1,500 pesos por nueve días.
Durante el novenario y después de los rezos obsequiaron lo siguiente: empanadas de longaniza, gelatina con rompope, sándwiches de jamón, tostadas de tinga, cocteles de frutas y atole, con un costo de aproximadamente 300 pesos multiplicado por nueve días; asimismo, por refrescos y agua natural embotellada se gastaron 500 pesos diarios multiplicados también por los nueve días.
En la llamada velada, que se efectúa a los ochos días después del fallecimiento se acostumbra dar otra comida, que consistió en un marrano completo para hacer carnitas con un precio de 1,400 pesos más 24 pollos, éstos ya a 95 pesos cada uno; una olla de pancita a 700 pesos; otros 10 kilos de tortilla; dos carretillas de leña a cincuenta pesos cada una; por matar y guisar el puerco, 300 pesos y por los pollos otro tanto igual.
Al finalizar el novenario, se regalan los llamados “recuerdos” a las personas que asistieron a los nueve días de rezo; en esta ocasión fueron 110 recuerdos a 11 pesos cada uno.
Para sepultar al difunto, esta familia ya contaba con una tumba y solamente le costó para abrirla 150 pesos y 100 por cerrarla.
Finalmente, el papeleo. El médico del hospital por extender el certificado de muerte cobra 150 pesos y el Ayuntamiento no cobra por registrar el deceso, pero si cobran 65 pesos si quieren sacar una copia del acta de defunción.
Si mi calculadora no me falló, el gasto total fue de 29, 035.00 pesos por la muerte de una persona de clase media en Zirándaro de los Chávez, Guerrero.
Saludos, gente bonita.
