EL CHISME Y LA CALUMNIA
¿Podemos imaginarnos la diversidad de opiniones que podríamos tener de cualquier comentario, actitudes o formas de pensar?
Aproximadamente la población mundial es de unos 7.000.000.000 de habitantes, cada persona con una opinión diferente sobre el tema.
Esto nos dice a lo que nos enfrentamos al hablar, actuar frente a los demás.
No es pues difícil encontrar que en alguna ocasión uno o dos individuos opinen diferente de un mismo acto. Podemos hacer comentarios de opinión diferente, porque es cierto que todas las cosas que hacemos, que decimos, se pueden ver desde diferente óptica.
Sin embargo, una opinión difiere mucho de la difamación, el chisme y la calumnia.
Amigos, chismear o charlar ociosamente de cosas que atañen a otros; es esparcir rumores infundados.
Calumniar todavía va mas allá, es difamar a alguien, por lo general con motivos maliciosos, ya sea verbalmente o por escrito.
Hay ocasiones que charlamos ociosamente pero no siempre es malo ni perjudicial, sin embargo, puede llegar a serlo. A veces puede tratarse de un elogio o sencillamente de referir algo que carece de trascendencia y no es censurable sobre otros por considerarlo de interés.
Sin embargo, es fácil deslizarse hacia el habla hiriente o importuna. El mal uso de nuestra lengua podría dañar profundamente la buena reputación de hombres y mujeres, que quizás han luchado por hacerse de un buen nombre.
El peligro de hablar ociosamente o a la ligera está latente y es por esto que nos debería preocupar antes de hacer un comentario, pensar cómo lo hacemos y cuál es nuestra intención al hacerlo.
¿Cuál es la diferencia entre el chisme y la calumnia?
El chisme puede ser más o menos inofensivo (aunque puede convertirse en calumnia o conducir a ella). La calumnia siempre es perjudicial, difama, avergüenza, causa daño y contienda.
Sea que el calumniador lo haga de hecho pensado, con un motivo malicioso o no, se coloca tarde que temprano en una posición como tal “calumniador.
La calumnia infunde un mal pensar, en particular de aquél a quien se calumnia.
El calumniador se deleita en revelar asuntos confidenciales, incluso inventos o ideas calculadas de aquellos de quien no tienen ningún derecho de conocerlas.
El calumniador obtiene placer de revelar cosas que causan sensación, incluso podría cautivar a sus oyentes y a sus lectores, inyectarles una inclinación a hacer comentarios de la misma índole, haciéndolos partícipes y también culpables perjudicándose a sí mismo. Un comentario difamatorio de un calumniador podría apartar a una persona de sus amigos y provocar enemistades y divisiones.
¿Se pueden sanar las heridas de la calumnia y por lo tanto la difamación?
Quizás haya incluso hasta un pedir perdón del difamador o calumniador, sin embargo es difícil recuperar el nombre que han perdido muchos que han sido difamados.
Hay una antigua fábula judía que ilustra los tristes efectos de los chismes malintencionados, que se han convertido en calumnias.
Esta fábula dice lo siguiente:
Había una vez un hombre chismoso, calumniador, que estuvo contando mentiras acerca del sabio del pueblo. Con el tiempo, aquel chismoso se dio cuenta de que había actuado mal. Fue a pedirle perdón al sabio y le preguntó cómo podía corregir el error.
El sabio le pidió una sola cosa: tenía que agarrar una almohada, abrirla con un cuchillo y esparcir al viento las plumas que tenía dentro.
El chismoso se quedó extrañado, pero decidió complacerle. Luego volvió a ver al sabio y le preguntó:
—¿Ya estoy perdonado?
Meditativo, el sabio le contestó:
Hay dos cosas que tendrías que hacer para alcanzar mi perdón;
—Primero, tienes que ir a recoger todas las plumas —le dijo el sabio.
Respondió el chismoso y difamador:
— ¡Pero eso es imposible! El viento ya las ha dispersado —
Contestó el sabio:
—Pues igual de imposible es deshacer el daño que has causado con tus palabras—
¿Qué lección podemos sacar de esta fábula?
La lección no puede estar más clara, que difícil será ganarnos la confianza de aquellos de quien hemos hablado chismes, difamado o esparcido rumores.
Una vez que dejamos salir las palabras, no podemos recuperarlas, y a menudo nos resulta imposible arreglar el daño que causan. Por eso, sería sabio pensar lo que decimos y hacemos a favor o en contra de otros.
Antes de contar cualquier cosa sobre alguien, recordemos que estamos a punto de soltar plumas al viento, y que una vez esparcidas, será difícil recogerlas de nuevo.
