Miguel Angel Ortuño

Published on October 28th, 2013 | by

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¿Hijos perros?

¡Qué bonita la familia tradicional de algunos años atrás!, familias numerosas de nuestros padres, abuelos y hasta se nos cuenta de nuestros bisabuelos.
Algunos se expresan con admiración, ¡es que mi bisabuelo procreó 18 hijos!, o ¡mi abuelo 15 hijos!

Otros dicen un poco desconsolados, bueno, ya mi papá solamente procreó una docena.
Esto es sorprendente, admirable. ¿Cómo le hacían nuestros abuelos para crear tan numerosas familias? Y ¿por qué tenían tanta familia, tantos hijos?

Primeramente, para nuestros padres, abuelos y tatarabuelos, era un orgullo empezar a conocer los nietos, los bisnietos y hasta los tataranietos. Y más numerosa era la familia, más orgullosos se sentían los progenitores.

mia_lola5Por un lado, el esposo, tan pronto se llegaba al matrimonio, lo primero era pensar en el embarazo de su esposa.
Segundo, asegurarse de que por lo menos hubiera un varón en la familia, para que el apellido se perpetuara, que no se perdiera el apellido paterno.

Pero y ¿la esposa? ¿Qué pensaba la esposa?
La esposa, sencillamente maravillosa, obediente, trabajadora en las tareas del hogar, nunca entrometiéndose en asuntos ajenos, dedicada a sus hijos, sumisa a su esposo y cuando le hacían la pregunta, ¿pues cuántos hijos vas a tener mujer?, con mirada cabizbaja y con un gesto de sumisión, su lema con respecto a procrear y seguir procreando, “¡pues yo voy a tener los hijos que Dios me dé”, o “los que Diosito quiera!”.

¡Qué hermoso todo aquello!, a través del tiempo se ha ido perdiendo la hermosura de aquella gran familia tradicional, donde reinaba la armonía familiar y donde su  cabeza, el esposo, sabía dirigir a su progenie.

¿Qué paso con aquellas familias numerosas? ¿Por qué los matrimonios no quieren tener hijos? ¿Qué ha pasado con el orgullo de padre-abuelo de conocer a su descendencia?
Al pasar de los años, se ha optado por las familias pequeñas,  con aquel lema de que “las familias pequeñas viven mejor”, se optó por reducir el número de miembros en la familia.

Argumentando también que el tiempo que estamos viviendo es tan difícil  (que hasta cierto grado es razonable pensar de esa manera).

Y con otro lema del que por que ahora no se tienen tantos hijos, “es que antes no había televisión”.

Las familias se redujeron a ocho, cinco tres, uno y ahora muchos matrimonios ni siquiera uno.

lola4Ya los que supuestamente se sentirían orgullosos de conocer a los nietos, aun antes de que los hijos contraigan nupcias, los padres de la novia promueven   sus ideas modernas.

Hija, yo no quisiera que tuvieras un hijo tan pronto,  vas a perder la figura que tienes, ya ahora no es fácil para tener hijos, vas a estar sufriendo con ellos, ya casada y con hijos no va a ser igual.

Mira, mejor diviértanse, es más, y ya después se ponen de acuerdo con respecto a los hijos.

Bueno, con tantas advertencias ya la hija llega al matrimonio con una seria predisposición y hasta asustada y sin ningún deseo de conocer a su descendencia.

Por el lado del esposo, mira hijo, a mí me gustaría que por lo pronto no pensaran en tener hijos, a lo mejor el matrimonio no funciona, luego vas  a querer andar con tus amigos y ya no vas a poder.

Además, no conoces bien a fulana, no sabes cómo va a ser, a lo mejor no va a ser buena madre, así es que mejor espera.

Se puede ver pues que, aun antes del matrimonio, hay una intromisión tremenda de parte de los padres de ambos, creando así una inestabilidad emocional en ellos incluso antes de llegar a casarse.
Con todas estas advertencias, se llega al matrimonio con una mentalidad tan distorsionada, que casi están divorciados antes de casarse.

¿Qué opción hay entonces con respecto a tener hijos en el matrimonio?

Bueno, con todo esto la opción es casi nula. Es por eso que a partir de un tiempo hasta ahora, los matrimonios jóvenes han optado por no tener hijos.

Ya hay países que incluso han tratado de incentivar a sus jóvenes para que tengan hijos.
En algunos países europeos, la población se está haciendo vieja, por ejemplo en España, Francia e Italia, por mencionar algunos, hace unos años se les ofrecía a a los matrimonios nuevos incentivos económicos para que engendraran hijos.

Entonces, ¿Qué hacen los jóvenes? Bueno, para cubrir el vacío que deja el espacio que deberían de llenar los hijos, los nuevos matrimonios han optado por adoptar una mascota, llámese  perro, gato, una lagartija o hasta un pájaro.

Y de ahí el tema que estamos considerando. ¿Hijos perros? ¿Por qué hijos perros? Debido a la adopción, precisamente, de perritos mascotas. Hoy en día, la mayoría de los matrimonios jóvenes están llenando ese espacio familiar con un perrito mascota. Y se les ve gracioso cargando a su perrito labrador retriever, Lhasa apso, Chihuahua, su pinscher, etc. Inclusive llamándole por su nombre, y por supuesto un nombre bonito como: (LOLA, MÍA, ABISMO, ÁFRICA, BOBO, CANDY), etcétera.

¡Qué bonito!, van a la tienda de ropa y le compran su ropita, su carriola, y las mascotitas se ven graciosas. Cuando llegan a la casa de los padres, o sea los abuelos “perrones”, hasta les preguntan; ¿Y cómo está mi nieto, mi nieta?, por supuesto, refiriéndose a su nieto perro.
Inclusive, cuando visitan los hijos a sus padres y no lleva a la mascota, o sea el hijo “perro”, se expresan así: ¡ay, por qué no trajiste al niño! Refiriéndose a su nieto “perro”.
Bueno, ya casi me contagian a actuar como un abuelo perrón, mi nuera tiene su perrita “lola”, la trae a casa tan arregladita con su vestidito y a perfumada, que créanme que se ve tan graciosa que hasta cariñitos le hago.
Mi hijo tiene su perra “mía”, que cuando le hablan, a veces contesta mi suegra Emigdia, que también le llamamos “Miya”
¡Qué cosas! En fin,  todo esto va conformando una familia “perra” o una familia “perrona”. Inclusive, esta familia “perrona”, ya es conocida en la comunidad, cuando hay reuniones sociales, se congregan los matrimonios jóvenes que comparten esta idea graciosa de que “la familia perrona” vive mejor.

Ya los anfitriones tienen su recipiente o su poche con arena para que la mascotita defeque o haga pipí.

Tienen su toallita para que tome su siesta o hasta incluso tienen un cuarto reservado especialmente para las visitas “perras”. Es tanto el cuidado de estos animalitos tan queridos, que se van consintiendo tanto,  que se van haciendo  más malcriados que un niño en la familia, incluso duerme en la cama del matrimonio en medio de ellos. Cuando llega a visitarles alguien, estos animalitos le gruñen a la visita, le ladran y hasta se enojan si el familiar se le acerca al papá “perrón” o a la mamá “perrona”.

Estas familias entran en una rutina de educación “perril” que llevan a cabo diferentes actividades diarias. Les dan de comer con la mano en su hociquito, su agua, lo sacan a caminar por las mañanas, por las tardes, lo llevan a visitar  a la perrita del amigo o al perrito del amigo.

En sí, toda la familia se siente orgullosa de este pequeño miembro de la familia, desde la abuela “perrona”, el abuelo perrón y los tíos “perrones”.

Y quisiera añadir,  hasta familias que ya les han crecido sus hijos consanguíneos, han adoptado sus mascotitas.

Un ejemplo sobresaliente, es mi primo “Pepe Lobo”, con su perrito “El Chicharito”, que por la mañana y por la tarde lo saca a pasear.

Y la pregunta que hacíamos anteriormente de qué es lo que pasa  con la familia tradicional, podríamos decir que está siendo sustituida por las familias “perronas”, con sus hijos “perros”.

Y no es que queramos ofender a los perros, no estamos hablando de “perros hijos” sino de hijos “perros”. Ni tampoco queremos ofender  a hombres con ese nombre sustitutivo de “perro”, como el gran cronista deportivo “El Perro” Bermúdez, o a otro ilustre trovador y gran conocedor de los versos y dichos del populacho calentano, Huber “El Perro”. Ni tratar de degradar dichos populares e historia de grandes perros, dichos que hasta ahora se han quedado con nosotros. Como la canción de “El Perro Negro”, como el dicho de: “el perro de las dos tortas”, el perro de Ziritzícuaro”, “el perro de Guito”, etcétera, de esos perros nos deberíamos sentir orgullosos.

Esos perros fueron y siguen  siendo “Perros” en toda la extensión de la palabra, y por lo tanto mi respeto a esos perros.
De la misma manera mi respeto a las familias que han elegido  criar a un perrito en sustitución de hijos carnales,  cada quien es libre de vivir como le plazca u optar por vivir la vida feliz a su manera, para todos ellos mis respetos y gran admiración.
Simplemente, quería comentar de este fenómeno actual que me pareció interesante, la crianza de “hijos perros”.


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